Como se puede leer claramente en el documento (MinCultura, 2013),
publicado por el ministerio de cultura, los mercados culturales han crecido
significativamente en los últimos 10 años, el mercado cultural representa el 4%
del PIB (producto interno bruto) en Colombia. Lo anterior es una clara muestra
de la confianza que ha generado las industrias culturales dentro de las
dinámicas económicas y políticas del país y su retribución mediante políticas
públicas que establecen a la cultura como un pilar indispensable. En esa orden
de ideas el arte se ha convertido en una posibilidad económica para muchos
ciudadanos, lo cual es absolutamente positivo para esta sociedad tan
competitiva, consumista y violenta. En Medellín tenemos un claro ejemplo en las
redes de música diseñadas por la alcaldía hace aproximadamente unos 20 años,
estas buscaban ofrecer formación musical
a los jóvenes de los barrios más expuestos al conflicto, reemplazando las armas
por instrumentos y las calles por teatros y escenarios culturales. Esta estrategia
fue un éxito total ya que hoy en día la red cuenta con más de 5000 niños
beneficiados al año, esto además de que ha permitido formar dentro de un
escenario de paz, también ha abierto nuevos horizontes para muchos jóvenes que
no veían un futuro económico solvente, actualmente muchos de los niños que en
algún momento pasaron por la ¨red¨ son músicos profesionales que conforman
agrupaciones de talla nacional e internacional, en retribución Medellín ha
ganado con eso un reconocimiento por la calidad y variedad de sus músicos.
Definitivamente la inversión en cultura es una oportunidad para transformar
socialmente pero también es un negocio para las alcaldías, gobernaciones y
países.
Este camino debe seguir así y ojala no se pierda el impulso porque
aunque Colombia sea un país rico en diversidad cultural, sus productos siempre
deben de ser dirigidos y mediados por empresas extranjeras para poder que sean
reconocidos y competitivos a nivel mundial y esto de alguna forma sentencia esa
estética tradicional convirtiendo los productos artísticos en artículos de
mercado que se compran usan y desechan rápidamente. Un ejemplo de ello es lo
que ha pasado con el fenómeno de la música tradicional del pacifico y
agrupaciones como Choquibtown y Herencia de Timbiqui, estas dos agrupaciones
provenientes del pacifico colombiano revelaron ante Colombia y el mundo la
riqueza de las músicas de esta región, sin embargo después de unos cuantos
éxitos las grandes industrias musicales como Sony Music, han transformado la estética de estos grupos hasta el
punto de desdibujar su sonido, género y tradición. La anterior reflexión nos
lleva a pensar en que los mercados y políticas culturales deben estar dirigidas
hacia una gran organización artística nacional que nos permita formar no solo
desde lo artístico sino también desde lo administrativo y técnico dentro del
marco de las producciones artísticas, además de crear políticas de protección y
promoción de los productos nacionales, esto
nos permitirá ser más auténticos y competitivos dentro del mercado
global. En esa medida el compromiso de las escuelas de formación artística como
la Escuela Superior Tecnológica de Artes es el de formar integralmente ha
artistas no solo dentro del marco de la ejecución sino también en áreas como la
gestión y producción, con competencias escritoras para la formulación de
proyectos, innovadoras para la creación de nuevos productos que integren las
nuevas tecnologías, comprometidas con el medio ambiente y la sociedad para que
tengan un contenido profundo y digno.
MinCultura.
(2013). Emprendimiento
Cultural, Pilar del Desarrollo. Políticas
públicas para el sector.

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